Carmen Mondragón, aka Nahui Olin, fue una de las primeras mujeres pintoras en desafiar las normas sociales en un México conservador.
Okay, seamos honestos: cuando pensamos en arte mexicano, los primeros nombres que nos vienen a la mente suelen ser los mismos de siempre. Diego Rivera. Frida Kahlo. Aquellos que de manera mundial “representan” el arte mexicano.

Pero hoy te quiero hablar de alguien cuya historia admiro profundamente y quien merece igual o más protagonismo: Carmen Mondragón, aka Nahui Olin. Una mujer que en pleno México conservador decidió hacer exactamente lo que le dio la gana. Y lo logró.
Una figura misteriosa y poderosa en el arte mexicano
Imagina vivir en México durante los años 20. Una época donde se esperaba que las mujeres fueran discretas, obedientes y, básicamente, invisibles. Carmen dijo: “No, gracias”.
Sin embargo, en medio de todo eso, llega Carmen Mondragón, quien con su espíritu poco convencional para la época se distinguió durante las décadas de 1920 y 1930, cuando el “borreguismo” estaba a la orden del día.
Nahui Olin se convirtió en un símbolo de rebeldía contra el statu quo y lo que se esperaba de las mujeres en aquella época.


Nació en 1893 en Tacubaya, hija de un general que viajaba mucho entre México y Europa. Esos viajes la expusieron a otras formas de ver el mundo desde chica, y se notó. Con diez años ya escribía cosas que hacían pensar dos veces. A los veinte se casó con Manuel Rodríguez Lozano, se fue a París, conoció a Picasso, conoció a Rivera y empezó a pintar. Nadie la detuvo.
«La noche para mis ojos se ha acabado, las tinieblas de mi inteligencia se han transformado en luz transparente, ella es hija de corazón, de espíritu, de edad, la pasión ardiente, la esperanza, la ilusión y el amor sobre todo me enfurecen como un formidable huracán en medio del desierto. Ahora que percibo que sufro y soy sensible a todo, tengo sed de todo lo que es bello, grande y embriagador. Con un ardor extremo, una ilusión loca de juventud y de vida, quiero hacer vibrar mi cuerpo, mi espíritu hasta los últimos sonidos».
Nahui Olin: À dix ans sur mon pupitre
El regreso a México y el nombre que la define

En 1921, Carmen y Manuel regresaron a México, marcando un nuevo capítulo en la vida de Carmen; sin embargo, acabaron separándose. Al mismo tiempo, Carmen cruzó sus caminos con el artista y escritor Gerardo Murillo, conocido como Dr. Atl.
Ambos vivieron una época supercreativa y, digamos… intensa. Fue entonces cuando adoptó el nombre Nahui Olin, que en náhuatl significa movimiento perpetuo.
Honestly? No le podría haber quedado mejor. Aquel nombre personificaba el espíritu vibrante de Carmen y su negativa a ajustarse a las normas sociales, así como su fuerza y audacia.
Artista, poeta, activista y la que dijo que no a Hollywood
Tras separarse del Dr. Atl, Mondragón emprendió un viaje a Hollywood con el caricaturista Matías Santoyo. Ahí le ofrecieron un papel en una película dirigida por Rex Ingram. Sin embargo, Carmen decidió rechazar Hollywood porque su arte celebraba el cuerpo humano, no lo cosificaba. No era lo mismo y ella lo tenía clarísimo.
Además de ser una artista increíble y única, fue una ferviente defensora de los derechos de la mujer. En 1935 fundó la Liga Feminista para Combatir las Adicciones, desde donde peleó por el voto femenino, igualdad de género, derechos laborales para mujeres embarazadas y acceso a la educación.
Básicamente, estaba haciendo lo que muchas seguimos pidiendo hoy. Hace casi 100 años.
¿Qué pasó con ella?
En sus últimos años, Carmen volvió a encontrar el amor con el capitán Eugenio Agacino. Juntos viajaron a Cuba, España y Francia. Tras el fallecimiento de Agacino, Carmen se retiró de la vida pública, dedicando más tiempo a la escritura y la pintura.


Sus últimos años los pasó enseñando pintura a niños de primaria. Falleció en 1978 en la misma casa donde nació.
Nahui Olin fue todo lo que “no debía ser” y por eso vale tanto la pena conocerla. El tipo de mujer que la historia tiende a barrer debajo del tapete, pero que de vez en cuando alguien saca a la luz. Su obra es espontánea, vibrante, muy mexicana, y habla del cuerpo y la sexualidad sin pedir permiso. Para su época era escandalosa. Hoy es inspiradora.



