Encantada: donde la música se convierte en espacio

Encantada donde la música se convierte en espacio
Encantada no es un proyecto que se explique fácilmente. Es de esos que se perciben antes de entenderse.

Una voz íntima, un sonido etéreo y una sensibilidad que parece moverse entre lo tangible y lo que apenas se puede nombrar. Hay algo en la música de Encantada, Amanda Muñoz, que no busca imponerse, sino quedarse. Como si más que canciones, construyera espacios emocionales.

Lo que me llamó la atención de su proyecto es cómo su universo no parte del género, sino de la sensación. Cuando habla de su música, no la define en términos técnicos, sino en imágenes:

Encantada: donde la música se convierte en espacio
Cortesía

“Como ese sentimiento al mirar una puesta de sol… algo muy íntimo que llega a lo profundo.”

Y, tal vez, es por eso que conectas sin saber exactamente por qué. No busca ser entendido de inmediato. Busca ser sentido.

Entre Múnich, Buenos Aires… y lo que pasa en medio

La historia de Encantada no empieza en un solo lugar, sino en varios, y en el cruce constante entre ellos. Amanda, la persona detrás del proyecto, crece en Múnich, dentro de una estructura y una forma de ver el mundo profundamente alemanas. Esa es su base: la manera en la que entiende el orden, el ritmo, incluso ciertas partes de su personalidad.

Pero en paralelo, hay otra línea que corre con la misma fuerza… Su papá es argentino, y con él llega toda una herencia musical que no pasa desapercibida: el folclor, el tango, el idioma, las emociones que se viven distinto. Desde muy chica, su relación con la música también se construye desde ahí.

Y aunque para muchos dicha dualidad puede sentirse como algo difícil de reconciliar, con los años empezó a tomar otro significado: no como una contradicción, sino como una expansión.

Después, fue el turno de España. No solo como un nuevo país, sino como un punto de inflexión. En medio de una etapa de pausa, con más tiempo, más silencio, más espacio para mirarse, empieza a acercarse a la música de una forma más constante, más presente, más consciente.

Es ahí donde nace Encantada. Que más que nombre, fue una emoción y una decisión. “Si no lo hago ahora, no lo voy a hacer nunca”, comenta mientras recuerda ese momento.

El idioma como filtro (y como refugio)

Crear en distintos idiomas no es solo una decisión estética. Es emocional. Por eso no traduce. Si una canción nace en español, se queda en español.

“El español es mi idioma del amor.”

Es el idioma donde ha vivido los vínculos más importantes, las pérdidas más profundas, las emociones más intensas. Para Amanda, el lenguaje deja de ser solo una herramienta; se convierte en memoria y emoción.

Cortesía

Su proceso creativo de igual forma no responde a estructuras rígidas. Hay canciones que no se terminan. Ideas que se quedan en pausa. Momentos donde simplemente no pasa nada. Y eso también está bien.

“Cuando me estanco, lo dejo.” Porque forzar nunca ha sido parte del proceso. En cambio, hay algo más intuitivo, casi invisible, que termina guiando todo: “A veces algo aparece y decís: eso era lo que le faltaba”.

Encantada como espacio

Encantada no es completamente un alter ego, pero tampoco es solo Amanda. Es un lugar intermedio. Un espacio donde puede crear con más libertad, incluso frente a sus propias dudas.

Más que eliminar la inseguridad, el proyecto le ha enseñado a convivir con ella. A avanzar a pesar de ella.

Esto es importante dentro de la industria, donde, especialmente como mujer, las expectativas son constantes. Y aunque es consciente de esas tensiones, su forma de navegarlo es clara: no perderse en ellas.

“Trato de hacer lo que a mí me gusta.”

Sin construir desde lo que se espera, sino desde lo que resuena. Creo yo que con este mindset, y con una necesidad de soltar canciones que ya existían, nace La Búsqueda, su primer disco.

Podría decir que esa línea continuará en los siguientes proyectos. Sin embargo, el nuevo material llega desde otro lugar: más dirección, más intención y también más exploración musical: desde cumbia hasta bolero, sin dejar de lado la esencia de Encantada.

Y es que, al hablar con Amanda, uno se da cuenta de que Encantada no es un proyecto que apunte a una versión final. No hay conclusión, hay movimiento.

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