Carolina Cury es una artista creando un mundo para ella; nosotros somos solo espectadores…
Tristemente, no soy de esas personas que pueden decir libremente que escuchan “de todo”, porque, bueno… es mentira. Sin embargo, de vez en cuando llega a tu inbox la sugerencia de un artista que te hará apreciar algo fuera de tu zona de confort.

Así llegó Carolina Cury a mi rotación de música: de forma inesperada, teatral, íntima.
Hablar del proyecto de la artista italo-brasileña en una sola palabra sería probablemente hablar de “avant-garde pop”, término que ella misma utiliza para describir el universo sonoro detrás de Gliss Bliss, un álbum que existe en constante movimiento entre géneros, emociones y referencias culturales.
Hay elementos de música clásica contemporánea, pop experimental, performance art, electrónica, folk, ópera y hasta ecos de bossa nova flotando entre las capas del proyecto. Pero incluso así, etiquetarlo sigue sintiéndose insuficiente.
“Quiero desafiar los límites del oyente sobre lo que es un género y lo que es una canción”.
Escuchar su último trabajo, Gliss Bliss, se siente menos como escuchar un álbum tradicional y más como entrar a un espacio liminal. Uno donde la voz puede pasar de un susurro vulnerable a una explosión teatral en cuestión de segundos; donde las canciones no necesariamente buscan comodidad, sino transformación.
La propia Carolina describe el proyecto como una experiencia “tumultuosa”. Una invitación a perderse. “Me gustaría que alguien saliera transformado después de escucharlo”, explica. Al hablar con ella, uno puede entender o interpretar que gran parte de esa sensación viene precisamente de la forma en que Carolina entiende la música: no como algo rígido, sino como un espacio de fluidez emocional y artística.
Visión que continúa en temas más personales. Después de crecer entre Brasil, Italia y posteriormente Londres, la idea de “hogar” se convirtió en algo casi abstracto, fluido. Y esa búsqueda aparece constantemente dentro de su música.

“Creo que tiendo a crear este mundo sublime que puedo habitar para sentirme en casa”, dice.
Ese sentimiento se intensificó todavía más después de un acontecimiento personal: la muerte de su padre durante la pandemia, figura que también representaba su conexión más fuerte con Brasil. A partir de ahí, Gliss Bliss comenzó a tomar forma no solo como un ejercicio musical, sino como una necesidad emocional. Y aun así, el álbum nunca cae completamente en la tristeza.
Hay teatralidad. Hay fantasía. Hay monstruos, criaturas, miedo, belleza y asombro coexistiendo al mismo tiempo.
Uno de los ejemplos más claros llega con “Ligeti Spider”, sencillo de GlissBliss y tema inspirado tanto por los complejos polirritmos del compositor Ligeti como por… una araña real viviendo en su departamento en Londres mientras ella pasaba semanas sola en casa.
“Cuando enfrentas tu miedo, te conviertes en el monstruo también”, explica entre risas.
Ese balance entre vulnerabilidad e intensidad define gran parte de la identidad de Carolina Cury. Incluso en nuestra sección de rapid-fire questions, la artista se describió como alguien que busca convertirse en “una artista que te perturba y te abraza al mismo tiempo”.
Y honestamente, no existe una mejor descripción para Gliss Bliss.
El álbum no intenta encajar cómodamente dentro de un solo espacio musical ni simplificar sus emociones para ser más accesible. En cambio, Carolina Cury parece mucho más interesada en crear una experiencia sensorial completa: una donde el oyente pueda perderse entre géneros, idiomas, texturas y recuerdos hasta sentir, aunque sea por un momento, que viajó a otra dimensión.


Leave a Reply