La Zorra Zapata es un proyecto que, entre su misticismo y lírica, te abraza, reta y consuela.
¿Qué es lo que tiene que pasar para que una canción o artista resuene con nosotros? Para muchos puede ser la letra, melodía o incluso las “vibes” del artista. Para mí, fue algo más difícil de explicar: una conexión en el alba que me hizo querer entender no solo el proyecto, sino a la persona detrás.
Así llegué a Nuria Zapata, alias la Zorra Zapata.

Un inicio que no estaba en el plan
Una pregunta recurrente y que fácilmente podría tener una respuesta tal vez “ensayada” terminó revelando algo más: la complejidad de una artista que entiende su camino no como una línea recta, sino como un recorrido lleno de pausas, desvíos y momentos de ruptura.
Y, sin embargo, hay algo constante:
la necesidad de crear.
Su proyecto musical nace desde un momento de pausa obligada: un cuerpo que se detiene, pero una mente que empieza a moverse en otra dirección.
“Fue una llamada de atención… un recordatorio de que el tiempo es limitado y de que tenía que hacerlo.”
Lo que para muchos podría haber sido un momento de quiebre, para ella se convirtió en un punto de partida. Y ahí, con esa respuesta, empecé a comprender la fortaleza de Nuria, proyectada en la Zorra.
La verdad es que desconocía el inicio del proyecto y, por supuesto, que Nuria, con su background multidisciplinar, haya encontrado cierto “escape” en la música. Al escuchar cómo habla y se expresa de su proyecto, uno entiende que la Zorra Zapata no fue algo que simplemente hizo clic en su mente, mucho menos de claridad ni de certezas.
Simplemente habla de aceptar que el ruido interno no desaparece. Y la verdad, hay algo profundamente honesto en esa decisión: no esperar a estar lista, sino empezar con todo lo que incomoda, incluido.
Dos versiones para sostener una
Al inicio mencioné que mi objetivo era entender el proyecto, y sí, lo logré, pero también conocí a la mente y alma detrás de él.
Es obvio que en una industria que exige tanto emocionalmente, Nuria ha construido una forma de protegerse sin dejar de ser vulnerable. Y su ejemplo resume la dualidad que vive.
“Hay una que hace los pasteles… y hay otra que los vende”.
Por un lado, la artista que siente, escribe y se desborda. Por otro, la que estructura, ejecuta y convierte ese impulso en algo sostenible. No es contradicción; es supervivencia.
Crear desde lo invisible
Para muchos, el sonido de la Zorra Zapata puede ser abstracto; para otros, un poco más apegado a lo audiovisual. Para mí, es ser testigos de un diario íntimo hecho melodías. Pero, al seguir la charla, cada vez me caía más el veinte; Nuria es una persona que crea desde la intuición.
Cuando empezó, no tenía técnica. No sabía tocar, producir ni construir canciones desde lo “académico”. Pero tenía algo más: esa intuición que se volvió la única herramienta disponible, terminó convirtiéndose en su lenguaje.
“Mi ignorancia en cuanto a técnica me permitió tener una visión diferente”.
Su proceso creativo no es lineal. No parte de una idea clara ni de una estructura fija. Es más bien una acumulación de referencias, emociones y estímulos que esperan su momento.
“Armo una paleta de cosas que me remueven… y cuando aparece ese momento, todo se vuelve impulso”.
Así llegan también las decisiones que, desde afuera, parecen intencionales. Como incluir la voz de Alejandra Pizarnik. No fue planeado, fue encontrado.
Su visión de lo creativo, que al final creo que es una representación de cómo es su approach artístico, muestra que su música, tal vez por resistencia o no, resiste a ser definida. Y Nuria, entiende que eso tiene un costo.
“Pierdo ese sueño de niña… el estadio, la multitud”. Pero también tiene una recompensa más silenciosa: “Gano coherencia con mi existencia”.
Sin embargo, también parte de ese proceso implica sostener el rechazo. Nuria lo dice con claridad: hay muchas más negativas que sí. Pero ha aprendido a no tomárselo personal, a entender que lo que llega es lo que puede sostener en ese momento.
Un proyecto que también es espejo

Hoy, La Zorra Zapata no se define por un género, sino por lo que provoca. Un proyecto donde la vulnerabilidad no es debilidad, sino punto de conexión. Donde el mensaje no es perfección, sino posibilidad. Porque si algo queda claro después de escucharla, es esto: tal vez no necesitas tener todo resuelto para empezar.
Tal vez todos esos caminos con vueltas y desvíos trajeron a esta limeña a México. Como parte de un reinicio que, lejos de debilitar, obliga a afilar.
Con La Zorra Zapata, Nuria ha creado momentos únicos desde la intuición y aceptación de que la vida pasa, quieras o no. Dejar llevar la ha llevado a ser la primera peruana en presentarse en las sesiones de KEXP hasta abrir para Mitski en el Auditorio Nacional (Mx). Momento que para muchos podría leerse como un punto de llegada. Pero para ella fue otra cosa:
“Una versión chiquita de mí… completamente asombrada.”
Y quizá ahí está la clave: en no perder esa capacidad de asombro, incluso cuando las cosas empiezan a salir bien. Y creo que Nuria Zapata, a través de la Zorra, y viceversa, proyecta y nutre una curiosidad desde el autoconocimiento y la autoaceptación.


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